/

Benjamin esquina con Borges:  entre la vida póstuma (Nachleben) y la inmortalidad (Anexo del Seminario)

5 minutos de lectura

Calle Borges

Flaminio Rufo narra como alguna vez tuvo el estatuto de inmortal. Su relato da cuenta de un espacio abigarrado donde los habitantes son indiferentes a la presencia. Viven encerrados en el pensamiento; ignoran la muerte, lo divino, lo terrible y lo incomprensible: son los inmortales, de los que nada sabemos, salvo que no se parecen a los hombres.

Calle Benjamin

Benjamin pensó la historia contra lo que cifran al respecto los agoreros de la decadencia, para quienes

vida y muerte son momentos en una sucesión lineal enmarcada por la duración entre lo esplendoroso y su caída, que, a su vez, divide la historia en épocas y clasifica la cultura por productos. La mirada benjaminiana no opone frente a lo que decae un vitalismo en el que se niegue la muerte; más bien, dice que el pasado muere, pero precisa que no del todo. De ahí el carácter espectral de la historia, en ella algo pervive, continúa siendo. Eso que insiste y retorna ha sido forjado en el intervalo de tiempo entre nacer y morir; es la vida en tanto experiencia que puede ser narrada, es el consejo entretejido en la tela de la vida vivida, es sabiduría.

Aquello que puede transmitirse se tiende en un nudo compuesto por hebras de la repetición del ciclo de la grandilocuencia (vida, muerte, esplendor y decadencia), que se tensan con las de lo irrepetible y singular sencillez de la experiencia anónima. Historia y pasado no son lo mismo, la primera estructura el espacio de la tradición en sentido continuo; el segundo irrumpe de forma discontinua porque puede hablar sobre lo que ha sido negado. Así pues, la comprensión histórica como vida póstuma permite cepillar la historia a contrapelo. No como una evocación consciente, sino por la necesidad de hacer algo con lo que se repite a partir de ese interludio que es la vida vivida, misma que transcurre como un pasaje entre las obras magnas de la historia.

Crucero Benjamín con Borges

O como Rufo cuando atiende al corolario sobre que no hay cosa que no esté compensada por otra, se da cuenta de que el río de la inmortalidad del que bebió habría de tener su envés, cavilación que lo pone en movimiento, en una nueva búsqueda. Su reencuentro con la mortalidad está precedido por un recuerdo en el que pervive la fiebre, la magia y la inacción que consumía a los soldados… De nuevo soy como todos los hombres, es lo primero que viene a su mente luego de sentir el inusitado dolor de volver a sangrar, de ser rasgado por algo.

Rufo abraza el anonimato, su posición singular, ser alguien a diferencia de ser todos. En ello estriba que pueda articular su experiencia con palabras, palabras desplazadas y mutiladas que son la limosna que le dejaron las horas y los siglos. Inmortalidad a cambio de vida póstuma, vale decir, una veta por donde se cuela la potencia significante que sobrevive a la muerte. Es el espacio donde los ausentes han dejado su huella cargada en el aire que respiramos.

Walter Benjamin

Finalmente, podría terminar aquí con un punto esta digresión formalizada como viñeta, pero estoy movida a hacerlo con dos cuestionamientos que Benjamin lanza en la segunda de sus tesis sobre el concepto de la historia:

¿Acaso no flota en el ambiente algo del aire que respiraron quienes nos precedieron? ¿No hay en las voces a las que les prestamos oído un eco de voces acalladas?

Nota: las cursivas son el aire que me precede, en él están las palabras literales de Borges, Benjamin y Reyes Mate. Las tomé prestadas para ensamblar desde mi lugar una constelación en la que pervive el brillo estelar de los pensadores consagrados por la historia y mi anónima formación.

Deja un comentario

Your email address will not be published.