EL DESEO: ¿PASIÓN INÚTIL O SENTIMIENTO FECUNDO?

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1 Patio cordobés
1 – Patio cordobés

La invitación a participar en Córdoba, en febrero de 2019, en un  encuentro sobre La Copla me permitió reflexionar respecto a ella de una forma más pausada.

Siempre me ha  gustado cantar y las coplas forman parte de mis recuerdos de infancia y adolescencia, cuando comencé a cantarlas de tanto oírlas.

Las escuchaba en mi casa de Madrid, con su patio de vecinos. La música y las palabras de las canciones han ido tejiendo mi existencia. Además, he de decir que las coplas casi siempre las escuché en voces de mujeres. Mujeres valientes de la posguerra que habían perdido casi todo pero que conservaban  el buen humor y que cantaban para ahuyentar su soledad y sus penas. No eran tiempos fáciles ni felices y, a pesar de ello, estas letras hablaban de grandes pasiones, de algo oculto, y complejo de  expresar  en la vida cotidiana, pero que las canciones pregonaban a los cuatro vientos.

Mi planteamiento es que no habría amor si no hubiera cultura. Es decir, concibo el amor no sólo como un acontecimiento subjetivo sino también como un hecho cultural ya que lo que en una cultura puede parecer una muestra de amor, en otra se puede considerar un sometimiento inadmisible.  Y es indudable que la copla nos describe una época, nos habla de unos personajes desbordados por unas pasiones que no pueden ni quieren controlar, aunque tuvieran que pagar un alto precio por ello.

En nuestros días, esas letras de las coplas han perdido vigencia. Hechos como los avances anticonceptivos, que permiten que las mujeres administren sus procesos  de maternidad o la incorporación al mundo laboral, lo cual proporciona una innegable independencia económica y vital, conllevan que las letras de estas coplas nos parezcan alejadas de las posiciones actuales de las mujeres.

Sin embargo, en las consultas de los psicoanalistas seguimos  recibiendo un gran número de quejas relacionadas con los desencuentros amorosos, con las penas de amor. Y es evidente que hay diferencias  en la manera de vivir el dolor del desamor entre la época en la que se compusieron las coplas y el momento en que vivimos. Una de las diferencias que he constatado es que en nuestros días, cuando se produce ese dolor, hay una urgencia apremiante por taponar el vacío abismal que deja la ausencia del ser querido. Por eso pienso que el relato de las heridas de amor era más intenso en las letras de las coplas. Ellas nos transmiten que había un espacio para ese dolor, incluso que, a veces,  se recreaban en él.

No estoy en condiciones de hablar de la copla como género musical. Pero puedo afirmar que “deseo y mujer” son dos términos complejos que pertenecen al núcleo de la teoría y la práctica psicoanalítica. Por ello, voy a hacer un breve recorrido por algunas coplas que nos hablan del deseo en mujeres y hombres y de la manera de posicionarse ante él.

Lorca pone en la voz de una de las mujeres viejas de YERMA la frase: “No hay en el mundo fuerza como la del deseo”.

Por otro lado, Sartre dice en  EL SER Y LA NADA  que el deseo es una pasión inútil.

Así que vemos que hay posturas extremas y divergentes, de los grandes pensadores, respecto al deseo.

Desde el punto de vista del psicoanálisis el deseo es algo productivo, creativo y fecundo. El ser humano disfruta del deseo  y con el deseo y ésta es una dimensión esencial de su existencia.

También podemos decir que para el psicoanálisis, el deseo surge como respuesta  a un déficit consustancial a lo humano. Es decir deseamos porque algo nos falta y nuestra falta se pone de manifiesto por el hecho de ser seres de lenguaje.

Este déficit puede actuar, en los mejores casos, como un motor positivo que anima a buscar, a crear y a vivir. Pero algunas veces hay serias dificultades para conocer el deseo propio y la falta se convierte en un abismo en el que nos hundimos los humanos sin llegar a encontrar  sentido a nuestra vida.

Podemos convenir que el amor es uno de las pasiones más contradictorias que mueven a las personas. Y nuestro querido Antonio Machado lo expresaba magistralmente con su paradoja:

“Te quiero para olvidarte,    para quererte te olvido”.

 Pero qué es esto del amor para las mujeres y para los hombres?  ¿Es algo similar en ambos casos?

El amor, en gran medida, para una mujer consiste en sentirse amada. Ellas necesitan saber que son importantes para el otro.

A las mujeres les interesa despertar el deseo del otro. De forma genérica, diré que el deseo de las mujeres es deseo de ser deseadas.

“Bajó del caballo y vino hacia mí

y nunca una tarde más bella de mayo        

he vuelto a vivir”.    Dice la copla OJOS VERDES.

Ellas sienten la necesidad apremiante de que haya palabras y signos de amor en una relación.

“Dime que me quieres,    dímelo por dios     

que el te quiero tuyo,    será para mis penas              

lo mismo que lluvia de mayo y abril”. (Copla DIME QUE ME QUIERES).

“Te esperaba hasta muy tarde

Ningún reproche te hacía

Lo más que te preguntaba era que si me querías”.

Y qué no le respondería este hombre, “bajo los besos de la madrugá”, para que ella, sin embargo,  le siguiera queriendo.

2 – Concha Piquer. La Gran Señora de la copla

Hubo épocas en que las mujeres ansiaban recibir cartas de amor. Tanto, que los hombres que no sabían escribir buscaban quién se las escribiera. Pienso que esas misivas no tienen  parangón con los washapp o los tuits actuales. Las palabras que seducen y que nombran pueden ser el don más preciado para una mujer. Una manera de sentirse alojadas en el deseo y el amor de un hombre.

 “Te quiero más que a mis ojos, [1]

te quiero más que a mi vida,

más que al aire que respiro

y más que a la madre mía”. (Copla Y SIN EMBARGO TE QUIERO)

El mito bíblico de Eva y la manzana nos habla de la necesidad ancestral de la mujer de tentar al otro. Y esto explica los despliegues de la seducción, de un modo particular en cada mujer, más allá de las características de cada cultura. Dicho de otra manera, necesitan sentirse capaces de despertar el deseo en el otro, tener la constancia de sentirse amadas. Algo que es vital para ellas pero que también puede dar lugar a muchas patologías del querer.

 “Eres mi vida y mi muerte,

Te lo juro, compañero,

No debiera de quererte, no debiera de quererte,

Y sin embargo, te quiero”. Dice la copla.

Vemos que la ambivalencia más radical entre Eros y Tánatos se hace presente

Que se me paren los pulsos si te dejo de querer,

Que las campanas me doblen si te falto alguna vez”.

Es notorio que las mujeres desean el deseo, que haya un deseo para ellas. Que el hombre, preferiblemente “su hombre”, la desee. Por ello, son capaces de dar tanto lo que tienen como lo que no tienen, tratando de obtener un ser, una identidad, como intento, a veces desesperado, de saber quién es ella misma.

La búsqueda de una identidad propia nos conduce hacia otra de las características de las mujeres: el enigma que despiertan en torno a ellas. Porque las mujeres son enigmáticas no sólo para los hombres sino también para ellas mismas.  Por eso observamos que las mujeres nos fijamos tantoen las otras mujeres: cómo se mueven, cómo se visten, cómo se comportan, oscilando entre la fascinación, la identificación con alguna de ellas, o la envidia, que resulta más nociva/dañina.

Las mujeres están tan atentas, tan pendientes, y a veces tan dependientes, de otras mujeres por una sensación de extrañeza. El psicoanalista Lacan lo expresaba diciendo que “la mujer  es otra para sí misma”.

Ellas buscan la clave que les desvele en qué consiste “ser una mujer”. Pero las mujeres, ya desde las representaciones más antiguas, son sujetos  velados. Y al no ser capaces de encontrar respuestas satisfactorias fantasean con que otras mujeres podrán dárselas. Como si alguien, hombre o mujer, poseyera el idealizado secreto de la feminidad.

Pero no hay respuestas universales. Cada mujer tendrá que encontrar sus propias respuestas. Es decir, tendrá que inventarse a sí misma, construyéndose a lo largo de toda su vida.

Podemos pensar que la posibilidad de identificarse como  “la Otra” puede resultar algo atractivo/sugerente para una mujer porque esto le permite acceder a una posible identidad.

Muchas coplas abordan este antiguo tema. El lugar de “la Otra”, no sería el de la víctima ni respondería a algo ajeno a su voluntad,  sino a una ubicación que le permite obturar el vacío de su identidad con una respuesta. Frente al enigma del quién soy yo, se autoproclaman: “yo soy la Otra”. Aunque ese lugar sea, también, el de un sufrimiento insano y patológico.

Rescato algunas estrofas del ROMANCE de la OTRA, que me parecen muy ilustrativas. Dicen así:

“¿Por qué se viste de negro                Si no se le ha muerto nadie?

Por qué está siempre encerrada        Como la que está en la cárcel?

Del porqué de este porqué                  La gente quiere enterarse

Cuatro suspiros responden                  y no los entiende nadie”.

Yo soy la otra y a nada tengo derecho

Porque no llevo un anillo con una fecha por dentro.

Con tal que vivas tranquilo,

Qué importa que yo me muera,

Te quiero, siendo la otra, como la que más te quiera”.

Y cuando su hombre querido elige a una mujer distinta

“vistiéndola de azahares y velo blanco”

La protagonista de la copla le dice:

Como fue tu voluntad,                                 mi boca no tiene queja,

cumple con lo que has firmado                   que yo no valgo la pena”.

Y se instala en esa posición de sometimiento pero que, a cambio, en compensación, le adjudica una identidad:  yo soy  LA OTRA.

Para ir acabando, quiero abordar una última copla CORAZÓN LOCO.

No podemos ignorar que  las posiciones femeninas y masculinas están cada vez más desdibujadas y que los litorales entre ambas son más y más difusos. En la teoría queer no hay estructuras estables sino que la sexualidad es algo móvil, fluido y dependiente de variables políticas y culturales.

Pero partiendo de las posiciones más clásicas  nos  podemos preguntar  si las mujeres y los hombres viven el amor de una forma similar.

Y podemos respondernos que

– por un lado, respecto a todo lo que venimos diciendo, para el hombre es más fácil gozar sin palabras,

– y por otro, que en las mujeres convergen con frecuencia amor y deseo. Es decir, las mujeres aman y desean al mismo hombre con mayor facilidad.

Sin embargo, para el hombre, esta convergencia es una cuestión más compleja ya que puede separar a la que ama y a la que desea. Hacer coincidir amor y deseo es una de las problemáticas masculinas por excelencia. Y esta falta de coincidencia es un secreto a voces.

De ello se hace eco la copla   CORAZÓN LOCO

Aquí va mi explicación               corazón loco.

Una es el amor sagrado,             compañera de mi vida….esposa y madre a la vez,

la otra es el amor prohibido       complemento de mis ansias …y al que no renunciaré.

Y ahora ya puedes saber             cómo se pueden querer dos mujeres a la vez   y no estar loco”.

Resulta asombroso descubrir que algunos planteamientos psicoanalíticos, que pueden parecer muy abstractos, se ven expresados, con nitidez, en las letras de tantas canciones en general y de algunas coplas en particular.

Uno de los objetivos del recorrido de un análisis es ayudar a  cada sujeto a ser capaz de hacerse cargo de su propio deseo y no escaquearse ante él. Buscar el deseo y apropiárselo, perseguirlo, saber  hacer algo con él.

Lacan decía que una de las pocas obligaciones que tiene el sujeto es la de no retroceder  jamás ante su propio deseo. Y reconozco que esto es una ardua tarea. Precisamente uno de los ejes de un buen diagnóstico clínico es saber cómo se relaciona cada sujeto con su deseo.

Quizás sea esto lo que distingue a los creadores, grandes y pequeños, del resto de las personas: el hecho de no haber huido ante esa chispa que, alimentándola, puede llegar a transformarse en llama.

Para finalizar, quiero recordar unas líneas de los Fragmentos de un discurso amoroso de ROLAND BARTHES[2] . Dicen así:

“El canto es el suplemento precioso de un mensaje vacío, puesto que lo que regalo cantando es a la vez mi cuerpo (a través de mi voz) y el mutismo con que lo golpeas. El canto no quiere decir nada: por eso entenderás finalmente que te lo doy; tan inútil como la hebra de lana, o como el guijarro que el niño tiende a su madre”.

Si las letras de las coplas, y las conclusiones de estas jornadas, pusieran negro sobre blanco el deseo de la mujer habría que ir corriendo a avisar a Freud porque el hombre acabó sus días lamentando no haber sido capaz de saber ¿Qué quiere una mujer?

3 – Rocío Jurado. La Chipionera

María Lizcano

Madrid, septiembre 2023


[1]Me hace recordar a la película “Te doy mis ojos”, de Iciar Bollaín (2003).

[2] ROLAND BARTHES, Fragmentos de un discurso amoroso, S.XXI, Buenos Aires, 2010, pág. 100.

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